Una película retrógrada: Todo en todas partes al mismo tiempo

Empecemos por blanquear desde donde hablo: las películas ganadoras del Oscar suelen parecerme muy entretenidas para ver un domingo a la tarde, pero no más que eso. Vi Todo… únicamente porque es una película de ciencia ficción, género por el que siento debilidad. Con estas pocas expectativas me encontré con una obra que, si bien no es todo, es varias cosas. Pero antes, un breve resumen para quienes no la hayan visto: Evelyn es, junto a su marido Waymond, dueña de una lavandería que está siendo auditada. Cuando la película comienza, la pareja, que reside en Estados Unidos, recibe la visita de su padre, que llegó desde China, país natal de todos ellos. Evelyn parece estresada ante los problemas legales y por su relación con su hija, con quien aparentemente solo sabe comunicarse a través de críticas. A su vez, Waymond ya ha iniciado los trámites de divorcio, aunque Evelyn aún no lo sabe. En este contexto, Evelyn se encuentra con un enviado de un universo paralelo que le explica que ella es la única esperanza para detener un gran peligro que amenaza todos los universos. (Spoilers: si bien cuento vagamente el argumento ya avanzado, no revelo el final.)

Hoy quiero compartir con ustedes posibles formas de ver la película, que pueden colaborar o no con su disfrute:

1. Una película sobre la adolescencia

Es un privilegio considerar la adolescencia y la primera juventud como un momento en que múltiples caminos se abren. A pesar de las dificultades económicas que atraviesa su familia, Joy, la protagonista juvenil de este film, es una de esas privilegiadas. Ser joven no implica solo elegir un trabajo, una carrera o múltiples áreas de interés, sino que, en cada una de esas decisiones, se forma una identidad. De hecho, la película entera se dedica a analizar cómo cada una de las decisiones que tomó Evelyn, su madre, forjaron quién es hoy. Pero incluso va más allá: cada decisión parece irremediable, cada giro en una calle, cada sí y cada no marcan un destino. Si bien esta idea es absurda en la mayor parte de los casos (podemos debatirlo, pero concuerden conmigo que la mayor parte de nuestras decisiones son inocuas individualmente y solo causan efecto como sumatoria) esta es la lógica de la película y quizás la sensación que puede invadir a una joven al inicio de su adultez: frente a cada paso que da, debe considerar todos los otros pasos que no está dando, todas las puertas que no abre, todo lo que podría haber sido si no fuera quien es, en suma, todos los universos posibles. El “monstruo” en que Joy termina convirtiéndose es justamente eso: una fragmentación, alguien que no puede mantenerse en ningún plano de realidad porque todas las otras posibles realidades reclaman su atención.

Debo admitir que evito las películas sobre la adolescencia, esas famosas “coming of age” en que se transita de la infancia a la adultez, de formas más o menos felices. Pero la razón por la que esta película me resulta atractiva es porque carece de toda idealización sobre la juventud y enfrenta al espectador con lo más oscuro del crecimiento: el descubrimiento de las propias limitaciones, ese primer momento en que medimos y comparamos nuestros sueños y nuestras fuerzas, comparación que se vuelve más cruel si nuestros sueños son múltiples o incluso, como le ocurre a Joy, infinitos. Y esa comparación entre sueños y posibilidades comienza en la adolescencia, pero atraviesa toda nuestra existencia.

2. Una película retrógrada

De todos los mundos posibles en los que Evelyn podría estar, a ella le gustaría elegir aquel en que es madre de su hija. En los otros mundos hay todo tipo de aventuras, éxitos amorosos y profesionales, habilidades inimaginables, pero no, si Evelyn pudiera elegir, elegiría la maternidad. No es una maternidad apacible, ni en lo económico ni en lo emocional, y por momentos incluso se torna violenta psicológicamente. ¿Cómo puede ser que este el mejor de los mundos posibles? Creo que este es el aspecto que vuelve a esta película una digna ganadora de Oscar, en el peor de los sentidos: su conservadurismo. Me ha llamado la atención en los últimos años la enorme cantidad de comedias románticas que presentan a mujeres que sufren física y emocionalmente por la maternidad, padecimientos que son llevados al absurdo justamente por ser comedias, y a pesar de todo terminan con la moraleja de que lo mejor es ser madre, porque sí, sin matices, sin ninguna de las miles de razones por las que muchas mujeres siguen eligiendo ser madres. Hollywood enaltece la maternidad como un fin en sí mismo, aunque no duermas, no te desarrolles profesionalmente, no cuides tu cuerpo o, en este caso, ni siquiera sepas tratar bien a tu hija. Lo mismo pasa con el matrimonio: todas esas comedias románticas que muestran parejas insostenibles pero donde el amor triunfa al final, contradiciendo todas las peleas, los gritos y los golpes con los que reímos durante toda la película. Entiendo que la población de los países del primer mundo está envejeciendo, pero esta propaganda a favor del matrimonio y la reproducción se vuelve absurda, y más aún en esta película en que el supuesto paladín del amor es un hombre que inició los trámites de divorcio a espaldas de su mujer. Por eso, Todo… merece el Oscar como premio al status quo y mi más profundo desprecio. Pero esta película es también, muchas otras cosas.

3. Una película bonita

Desde sus inicios, el cine ha tenido la posibilidad de ser una atracción visual, algo que ofrece placer solo por ser visto. Aunque luego se sumaron la narración, la intriga, los personajes e incluso el sonido, el prodigio original del cine es mostrar imágenes en movimiento. Esta película es un festín para la vista pero con una particularidad. En general, el cine necesita una excusa argumental para mostrar maravillas visuales: un viaje, la resucitación de dinosaurios, un ataque extraterrestre o una competencia gastronómica son solo algunos ejemplos de las excusas que encuentra el cine para ser bonito. Pero Todo… plantea desde el principio la premisa de que todo es posible, y cuando más absurdo, es decir, menos necesario sea algo, más posibilidades da de alcanzar nuevas habilidades. Así, el argumento libera a la imagen para cualquier combinación de colores y texturas, lo que convierte a esta película en algo que vale la pena ver simplemente porque es como mirar fuegos artificiales.

4. Una película sobre el cine

De Ratatouille hasta el cine de Wong Kar-wai, Todo… hace referencias constantes a otras películas. Al hacerlo, nos recuerda que estamos también viendo una película y eso, inevitablemente, provoca una distancia entre el espectador y lo que ve. Si bien hay quien dice que esa distancia permite una reflexión crítica, en este caso creo que lo principal es que ofrece un alivio emocional, en especial porque todo es tratado con humor. En una película donde hay madres torturadoras, hijas que quieren autodestruirse y una enorme impotencia, angustia y desamor, esa distancia y ese humor se vuelven indispensables para que toda esta carga sea tolerable.

Pero Todo… también es una película sobre el cine en el sentido que a esta altura ya debería hacerse evidente: toda película puede tener aspectos que amamos, aspectos que odiamos y aspectos incómodos. Esta película que se libera del argumento para ser un festival visual, que abandona los estereotipos para abordar el crecimiento en su complejidad, que propone lo absurdo como un camino hacia el aprendizaje es la misma película que dice que lo más lindo que le puede pasar a una mujer es casarse (con alguien que no la quiere) y tener hijos. En tiempos de cancelación, muestra que nada puede ser Todo en todas partes al mismo tiempo, que todo arte es contradicción y en especial el cine, donde interviene una enorme cantidad de gente y se mezclan múltiples intereses. Eso no nos impide señalar aquello que consideramos inadmisible, pero es inevitable que a todos nos guste una película que sabemos que, en algún aspecto, es machista, racista o clasista. Es nuestra decisión poder elegir entre todos los mundos posibles que el cine tiene para mostrarnos.

Todo en todas partes al mismo tiempo

  • Dirección y guión: Daniel Kwan, Daniel Scheinert
  • Con: Michelle Yeoh, Stephanie Hsu, Jamie Lee Curtirs, entre otro
  • Fotografía: Larkin Seiple
  • Dirección de arte: Amelia Brooke
  • Disponible en Prime Video

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