Esta es una selección de mis películas favoritas del festival. Son mis primeras impresiones, que escribo el mismo día de la función, y no justifico mis puntos de vista tanto como me gustaría. Quizás mañana me arrepienta, quizás los defienda a muerte. Iré actualizando este post día a día y, si hace falta, puede ser que le dedique una nota exclusiva a alguna película en particular.
No voy a pedirle a nadie que me crea (Fernando Frías de la Parra, 2023)

Odio las películas que reflexionan sobre sí mismas, eso que a veces se llama metadiscurso, y si les digo que esta es una película sobre un chico que estudia los límites del humor y al mismo tiempo nos hace preguntarnos como espectadores sobre los límites del humor, supongo que pensarán que es un aburrimiento pero no, es cualquier cosa menos aburrida. Esta película tiene todo: humor (claro), una trama policial, una trama amorosa, una crítica al racismo desde el dolor y también desde la burla a los racistas, sexo, unos giros argumentales que me dejaron literalmente con la boca abierta y hasta una chica en tetas comiendo un salamín en un sillón, en pleno invierno. Aquí se usan ciertos recursos del humor para escenas que no son (y no creo que busquen ser) para nada graciosas, y se usan recursos ya anticuados del suspenso (como la música ominosa) que sin embargo son totalmente efectivos. Creo que porque no nos muestra nada accesorio llegamos a conocer a un montón de personajes de forma profunda: el gran número de historias entrelazadas no impide que sepamos exactamente quién es quién y por qué es indispensable en la trama. Esta película también es una patada en el estómago, por la desesperación del protagonista y porque en determinado momento hay que hablar de personas desaparecidas y esa palabra, tanto para los argentinos como para los mexicanos, tiene un peso enorme. Pero inmediatamente después de reventarnos en lo más profundo de nuestro ser, la historia sigue, como la vida, porque a fin de cuentas vos y yo estamos pensando en cine mientras el mundo, para variar, se está viniendo abajo. Si después de todo lo que te dije todavía necesitás saber de qué se trata, ok, acá va: el mencionado estudiante de letras se ve envuelto en una organización criminal, sin comerla ni beberla, y esta es la historia de cómo esa organización lo usa para lograr sus objetivos. Está basada en la novela homónima de Juan Pablo Villalobos.
Ubu (Pablo Abreu, 2023)

La obra teatral Ubú rey se estrenó en París en 1896 y en ese momento fue un escándalo y la inauguración de una nueva poética. Pero lo que puede ser muy interesante desde un punto de vista histórico y hasta una buena obra literaria, no suele resistir muy bien el paso del tiempo. Así que cuando el catálogo del festival decía que esta película recuperaba el “humor grotesco y absurdo” de la obra teatral, no pude menos que desconfiar. Hice bien, porque esta película no es humorística, al menos no lo es hoy, o al menos no es un humor que hace reír. Pero es una película imperdible, justamente porque no cumple ninguna expectativa posible. Filmada con absoluta solemnidad, sus escenarios, vestuario, actuación, iluminación y hasta formato de la imagen (cuadrada y en blanco y negro) recuerda en el mejor de los sentidos a las películas de los años 40. La historia es la misma que en Macbeth: un hombre de confianza del rey lo traiciona, toma su lugar, y luego, obviamente, es castigado. Pero algo no cierra. No solamente porque los personajes amenazan con cortarse mutuamente como salchichas (sic), ni porque el golpe de Estado comienza por pisarle los juanetes al rey, sino también porque los personajes son burdos sin ser cómicos: el rey es confiado hasta la imbecilidad, pero no es gracioso. Entonces, uno no puede ponerse serio, como si estuviese viendo “La pasión de Juana de Arco”, porque todo es absurdo, pero tampoco puede reírse, porque esto no es propiamente una comedia. Cuando aparece el oso (porque hay un oso) el espectador tiene dos opciones: o se levanta y se va, indignado, o acepta que esta película no se parece a nada que conozca y se deja llevar.
Cuando una obra de arte nos descoloca, nos obliga a replantearnos nuestros puntos de referencia. A mí, en particular, me hizo preguntarme por qué me tomo en serio las películas que me tomo en serio si, en el fondo, ver a un grupo de personas simular enamorarse, odiarse o matarse es tan ridículo como el mentado oso. Pero a cada uno le puede pasar algo diferente.
Ubu es una película traidora, como el propio personaje de Ubú y todo arte, para serlo, tiene que traicionarnos al menos un poco.
El auge del humano 3 (Eduardo William, 2023)

Esta película es una locura. De a poco van apareciendo los personajes de diferentes países, que no se pueden llamar personajes en ningún sentido tradicional del término, porque no sabemos casi nada de ellos, y no tienen objetivos, ni pasado y casi no se desarrollan sus características personales. El catálogo del festival promete que tienen las urgencias de “subsistir, escapar de sus alienantes trabajos y adueñarse de su tiempo”, pero yo no les veo ninguna urgencia y los veo bastante dueños de su tiempo y de su espacio: cada tanto “saltan” (como si se teletransportaran) de una punta del mundo a otra, de una ciudad taiwanesa a la selva peruana, de una laguna a una montaña. Esta no es una película de ciencia ficción: nadie hace ningún comentario sobre este hecho milagroso ni sobre ningún otro, sino que continúan conversaciones que empezaron en la otra punta del mundo, se cuentan anécdotas, se hacen chistes, se seducen y se comunican misiones (como si esto fuera el Señor de los Anillos) pero nunca las llevan a cabo. Cualquier sentido que queramos darle a lo que vemos es nuestro. Si les gusta que les cuenten historias en el cine, esta no es la película para ustedes. Pero si les gusta que el cine los lleve a lugares desconocidos (geográfica y artísticamente), no pueden perdérsela.
Tierra de nuestras madres (Liz Lobato, 2023)

Un pueblo español está en quiebra y, como no tienen nada para privatizar, venden lo único que les queda: la tierra. Esto se realiza de una forma absolutamente ilegal, logrando la venta de terrenos por precios irrisorios. Frente a la impotencia, lo que a mí me gustaría es que esta película llame a la revolución, al castigo de los poderosos, a la acción del pueblo. Pero el cine no siempre hace lo que a mí me gustaría. En lugar de eso, cuenta la historia del pueblo a través de personajes únicos, que hoy son ancianos pero que alguna vez fueron niños, que cumplieron o traicionaron las expectativas de sus madres, que se conocen de toda la vida y que deben enfrentar juntos el desalojo. La narradora es Emilia, una cabra que, como Casandra en la mitología, le avisa a todo el mundo lo que va a pasar, pero nadie le hace caso. La dueña de Emilia es Rosario, una ancianita que vendría a ser la narco del pueblo, si los narcos fueran los seres más pacíficos del mundo, cuya mayor falta es no abrazar a un hijo que adora los abrazos. Se trata de una película tierna pero no ingenua, donde el extremado cuidado de la imagen contrarresta con la desprolijidad de los personajes, lo complicado y global con lo simple y local. El verdadero milagro de esta película no es la cabra que habla, sino que haga reír tanto una historia que solo puede llorar.
Crowrã (Renée Nader Messora, João Salaviza, 2023)

El pueblo krahô se mueve en dos mundos sin dificultad: viven en la selva, duermen en hamacas, usan smartphones, ejecutan rituales mágicos y se pelean con cazadores furtivos. En esta historia, filmada y ambientada durante el gobierno de Bolsonaro, los protagonistas deciden viajar a Brasilia para participar de un encuentro de pueblos nativos donde se exige el respeto de sus derechos. Al mismo tiempo, situaciones urgentes también los reclaman en casa, donde una hija quizás ha comenzado su viaje hacia el chamanismo, y una esposa está a punto de parir.
Cuando vi “Los asesinos de la luna” me pregunté dónde estaban esas historias memorables sobre los pueblos nativos sudamericanos, y esta película es una posible respuesta, pero con una vuelta de tuerca. Aquí el pasado de masacres y despojos es recordado desde un presente donde la violencia sigue tan vigente como entonces, pero los krahô, sin abandonar sus tradiciones, han sabido adoptar las herramientas de la sociedad colonizada, incluyendo el cine.
Night walk (Sohn Koo-yong, 2023)

No voy a mentirles: esta película es una serie de tomas con cámara fija, que retratan un barrio de Corea (sospecho que es el barrio del director) y en la que no pasa absolutamente nada. Hay un gato. Pasa un auto. Esa es toda la acción que van a encontrar. Las imágenes son intervenidas con fragmentos de poemas y dibujos. El año pasado, en este festival, vi Errante, que se basa en la misma premisa: tomas con cámara fija en el círculo polar ártico. A pesar de lo exótico de los paisajes, esa película me pareció un bodrio pretencioso y esta otra, que es su hermana, me encantó. Se me ocurren tres posibles razones para esta diferencia:
- Estas películas dejan tanto trabajo al espectador que si uno las disfruta o no depende en un 90% del estado en que vaya a verlas. Quizás vi Night walk estando de mejor ánimo.
- Aunque parezca que no, en realidad Night walk cuenta historias: en casi todas las imágenes se muestra la mano humana; no se ven personas, pero sí el resultado de sus actos. Mientras que Errante mostraba paisajes deshabitados, las imágenes de un barrio hablan de alguna manera de quienes viven ahí. Además, los fragmentos de poemas suman referentes que ni siquiera están en las imágenes, creando capas de sentido.
- La película no tiene sonido, y ver una serie de imágenes nocturnas en una sala llena de gente donde se puede escuchar hasta lo que pensamos (además de los bajos de la película de terror de la sala contigua) crea una intimidad tan particular que es una experiencia en sí misma.
Por todo esto, mi primer impulso es recomendar verla en cine, porque creo que es insostenible en cualquier otro contexto. Pero entonces recuerdo que la última vez que vi Barbarella fue en un boliche con música a todo volumen y gente bailando, y eso también fue toda una experiencia, así que ya no sé qué decirles.
Vi muchas otras películas que me gustaron pero no tanto como estas, o no supe qué decir de ellas más que la descripción que pueden encontrar en el catálogo del festival, que pueden descargar acá. Recomiendo especialmente Seagrass (Meredith Hama-Brown, 2023), Robot Dreams (Pablo Berger, 2023) y Partió de mí un barco llevándome (Cecilia Kang, 2023).


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