Suelen encontrarse dos posturas: los que sostienen que al arte no hay que entenderlo, hay que sentirlo, y los que sostienen que es necesario saber algo para disfrutar del arte. Yo estoy con los segundos, porque creo que si vos no entendés, por ejemplo, que la ficción es ficción, no podés disfrutar jamás de las tragedias, la pasás pésimamente hasta en el más suave de los dramas. Ojo, no creo que haya que descubrir un mensaje oculto, creo que hay que conocer ciertas reglas, porque el arte es un juego y si no sabés las reglas es inevitable que te quedes afuera. Hoy escribo para quienes quizás no están tan acostumbrados a tocar el timbre de una galería y tomarse todo el tiempo del mundo para recorrer una muestra. Esta es una invitación para que lo hagan con Cuentos inconclusos, de Liliana Porter, y aquí algunas aclaraciones para que puedan entrar de lleno en la partida.
En primer lugar, lo único que no se puede hacer con una obra es tocarla (y supongo que tampoco pueden sacar fotos, pero recomiendo consultar en la galería). Por lo demás, tengan en cuenta que van a encontrar una serie de obras que trabajan con el contraste creado por objetos diminutos en grandes espacios, así que uno de los juegos que plantea esta muestra es acercarse y alejarse, tanto como quieran. Esta obra justamente desafía la postura típica de los museos, esa supuesta distancia óptima en la que observamos un cuadro en su conjunto, porque, en este caso, desde esa distancia nos perdemos un montón de cosas. Así que para disfrutar de esta obra hay que jugar su juego, moverse y, si lo necesitan, llevar los anteojos.
Además de las obras individuales, esas que el amable coleccionista puede llevar a su casa y colgar en la cocina, está la instalación, mi pieza favorita de esta muestra. Creo que lo que me gusta de esta obra es lo mismo que encuentro en algunas historietas y algunos cuadros renacentistas: podemos observar el conjunto o fijarnos en un detalle y hacerlo protagonista con nuestra mirada. Pero, a diferencia de las obras de dos dimensiones, esta instalación permite multiplicar las perspectivas con nuestro movimiento: lo que es primer plano desde un punto de vista es fondo en otro, y así las composiciones son infinitas. No se pierdan la oportunidad de bajar hasta la altura la obra para que mirada pueda ser horizontal y construya diferentes planos.
Por último: ¿cuál es el mensaje de la obra? Ninguno, las obras de arte no dicen nada, solamente nosotros podemos hacerlas hablar. En esta obra en particular, te invito que desoigas todas las interpretaciones que encuentres en la prensa, incluso en la galería y te fijes a qué te remite cada imagen, cada combinación de objetos que creás con tu mirada, cada detalle en el que te fijaste. Porque ahora que sabés cómo jugar este juego, sos vos el que decide a dónde va.

Cuentos inconclusos (2024)
- Autora: Liliana Porter
- Dónde: Galería Ruth Benzacar. Juan Ramírez de Velasco 1287
- Cuándo: mares a sábado de 14 a 19, hasta el 20 de abril.


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