La disputa del territorio, entendido éste como un bien económico, enfrenta dos fuerzas antagónicas en todos sus aspectos, con una cuota de poder altamente desigual. La problemática nace de la mano de las invasiones coloniales a lo largo y a lo ancho del planeta, profundizándose en las últimas décadas de la mano del capitalismo global. La destrucción de los ecosistemas para transformarlos en monocultivos envenenados tiene varias instancias, pero su único dispositivo posible es la violencia.
“El ardor” es un recorte casi fantástico de este aniquilamiento de la naturaleza; es un sueño posible de resistencia, una esperanza ínfima entre tanta muerte y ultraje.
En las profundidades de la selva misionera, los mercenarios que responden a grandes jefes matan y queman todo lo vivo. El paisaje va mutando de desolación; el fuego destruye lo sagrado. El rancho de Joao (Chico Díaz) es el próximo, pero él está decidido a resistir, junto a su hija Vania (Alice Braga) y a Jara, el desertor (Lautaro Vilo). Es inútil creer que por el hecho de pertenecer a esta tierra que ama y cultiva tiene derecho alguno. La llegada de Kaí (Gael García Bernal) no cambiará su destino, pero será la punta de lanza que activa la defensa de un entorno amenazado.
Kaí es casi un enigma. Es una alquimia entre chamán, humano y ser sobrenatural salido de las antiguas leyendas originarias. Conoce la selva, y conoce al hombre: él también huye del fuego como los yaguaretés que están rondando. Pero no tiene miedo, va a defender estos suelos del odio y la traición, y contará con la gracia de la Tierra Madre, quien lo reconoce como hijo propio.

El escenario es salvaje y violento. El fuego, siempre presente -para bien o para mal- es el símbolo de la muerte y la destrucción. La brutalidad de la imagen del monte prendiéndose fuego nos interpela como seres humanos. ¿Acaso no es una tragedia ecológica y humana? En contrapunto, la espesura de las profundidades selváticas nos hace entender lo pequeños que somos. La fotografía increíble de Julián Apezteguía traduce fielmente las texturas, las emociones, las dificultades de un medio hostil para el hombre pero único en su esencia. Como espectadores, logra sumergirnos en cada plano dentro de esa imponencia, nos lleva a transcurrir con el no-tiempo de la naturaleza cuando, en paralelo, la hora final se acerca.
Pablo Fendrik, el director, nos ofrece esta mirada contada con cierto formato de western del litoral, con varios de sus recursos narrativos y visuales a la orden. Aquí los bandidos emergen entre el polvo o el humo; tipos que no tienen Dios ni ley y sienten un absoluto desprecio por la vida. Los buenos, los que queremos que ganen, sufrirán las injusticias, pero no agacharán la cabeza y la venganza también culminará en un duelo final.
Quiero agregar que, en su momento, la crítica internacional no fue para nada agraciada con la película, y sostengo que sus reseñas son exageradas e injustas, a menos que sean escritas por dogmáticos del género. Creo más bien que fueron hechas por personas que desconocen absolutamente las realidades latinoamericanas, que ignoran la constante vejación a los pueblos originarios y la vulnerabilidad que padecen nuestros recursos naturales. Esta película es una obra cinematográfica muy bella e increíblemente filmada; y una fábula no tan ficticia sobre una realidad que no debería sernos indiferente.

El ardor (2014)
- Guión y dirección: Pablo Fendrik
- Fotografía: Julián Apezteguía
- Música: Sebastián Escofet
- Con: Gael García Bernal, Alice Braga, Chico Díaz, Claudio Tolcachir, Lautaro Vilo, Jorge Sesán y otros.
- Disponible en MUBI.


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