Lujo y vulgaridad

Pasó mucha agua debajo del puente desde el estreno de “Mujer Bonita”, allá por 1990. Una marea de cambios sociales y culturales que nos permiten ver con otros ojos las mismas películas y cuestionar las viejas miradas. Por eso quiero soslayar la forma naturalizada que se originó de esta película, esta idea de una Cenicienta moderna, para profundizar más en el contenido, porque en definitiva es una historia de amor, sí, pero de amor al dinero.

El relato primario y superficial nos sumerge, primero, en la vida de Edward Lewis (Richard Gere), un empresario millonario, sofisticado e inescrupuloso, que en uno de sus usuales viajes a Los Ángeles conoce a Vivian (Julia Roberts), una joven y hermosa prostituta que hace la calle para sobrevivir. Ellos van a pasar una noche juntos, pero Edward le ofrecerá un negocio: ser su dama de compañía toda la semana, a cambio de tres mil dólares. Por supuesto, a lo largo de estos días florecerá la magia y din don, el amor llegará a la puerta.  ¿Qué podría ser mejor para una piba que vende su cuerpo por dos mangos? Además, tendrá que vivir en la suite del Beverly Wilshire Hotel, usar ropas elegantes y convivir con este hombre que además de tener la billetera abultada está buenísimo. Ciertamente, el arquetipo del cuento de hadas se cumple a la perfección. La única diferencia es que el vínculo entre ellos -y en general, los de todos en la película- parten y se nutren del interés.

“No importa lo que digan, todo es cuestión de dinero”, es la primera frase que se escucha en el film y es el puntapié inicial para delimitar un escenario completamente binario, donde el mundo se separa en ricos y pobres, y de ahí pueden partir todas las divisiones posibles, sin grises. Los ricos son rubios, luminosos, ubicados; los pobres viven en la mugre, son vulgares y no tienen límites. Los ricos comen caracoles con pinzas y van a los partidos de polo; los pobres mueren por sobredosis y es casi imposible que asciendan en la escala social. En contrapunto, valores como la honestidad y la empatía están del lado de los pobres; mientras que del otro los vínculos son falsos y hay una construcción mentirosa de las relaciones, inherentes al capitalismo más concreto.

Por otra parte, gracias al renacer de la lucha feminista es imposible que miremos “Mujer bonita” desde la inocencia, a pesar de su realidad edulcorada, característica de las comedias románticas. Temas como la cosificación de la mujer, la explotación sexual o el sometimiento son temas de la agenda actual que en la peli están de manifiesto.

En este universo escindido, la mujer como figura es siempre funcional a las necesidades del hombre. Las mujeres que rodean a Lewis responden siempre a su voluntad, ya sea la secretaria, la exnovia y ni que hablar Vivian. Es un tipo que está acostumbrado a hacer lo que se le canta en los negocios, pero que en su vida privada está solo y quizás triste. Por eso Vivian es un soplo de vida para él, porque es fresca, espontánea. Él parece tener cierta tendencia a la fascinación por lo extraño, lo exótico; no podría decirse que la mira con ternura, sino que la observa como una criatura salvaje, casi un mono. Al mismo tiempo, Vivian está a su disposición y el poder que él ejerce sobre ella es total. Le abre la puerta de un mundo de privilegios pero nunca tiene que olvidar que ÉL se lo provee. El macho dador en todo su esplendor.

Por otra parte, parece que Vivian tuviera la etiqueta de “prostituta” pegada en la frente. Más allá de su vestimenta, la estigmatización de su oficio la condena. ¿Qué hace una mujerzuela de compras en Rodeo Drive? ¿Puede ser que absolutamente todos, ya sea en el hotel o en los locales, la miren con desprecio? Ni un atisbo de sororidad entre las vendedoras de las altas boutiques; falta que la saquen a escobazos por no pertenecer a la clase de mujer que usa esa sofisticada -y aburrida- ropa. La validación de las personas pasa por la apariencia, por lo que parecen ser. La conciencia de clase es llevada al paroxismo y estructura la escala de valores. El extremo del prejuicio y la agresión se producen de la mano de otro hombre, el odioso Philip, abogado amigo de Lewis encarnado por Jason Alexander, que representa el símbolo absoluto del patriarcado.

Mientras un pastor callejero pondera a Hollywood como una fábrica de sueños, en la jungla urbana todos están al acecho; sin embargo, hay esperanza y hay resiliencia. Es que si la película hubiera terminado como originalmente estaba escrita, la realidad de Vivian podría haber sido un poco más cercana al maltrato que sufren las mujeres cotidianamente. Este final mostraba a Vivian siendo arrojada del auto de Edward con sus tres mil dólares, y descartada una vez finalizado su uso.

A nivel cinematográfico la película no evoca grandes desafíos de luz o montaje, pero sí es funcional para potenciar la fotogenia y la química entre Gere y Roberts. Además, la gran Julia tiene aquí su punto de partida de una serie de películas que la van a posicionar como la reina de las comedias románticas de los últimos treinta años. Porque en definitiva, Hollywood es la meca de los sueños, y a algunas se le hacen realidad.

Mujer Bonita (Pretty Woman, 1990)

  • Guión: J.F. Lawton
  • Dirección: Gary Marshall
  • Fotografía: Charles Minsky
  • Con: Julia Roberts, Richard Gere, Jason Alexander, Héctor Elizondo, Laura San Giácomo y otros.
  • Música: Roy Orbison, David Bowie, Roxette, Red Hot Chili Peppers y más.
  • Disponible en NETFLIX.

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