No veas esta película

No puedo recomendarte The substance, para empezar, porque es un asco, segundo, porque es tremendamente violenta y, por último, porque tiene unos problemas ideológicos muy básicos y muy graves. Digo todo esto y también digo que me encantó. Me bajó la presión y varias veces tuve que cerrar los ojos, pero me pareció una muy buena película, principalmente por tres razones:

  • Aunque desarrolla un solo personaje, es complejo, atractivo y contradictorio. Se trata de una actriz y profesora de gimnasia televisiva que, cuando es despedida de su trabajo para ser reemplazada por una mujer más joven, decide recurrir a una sustancia que promete una versión mejorada y renovada de quien la use. El camino de destrucción que comienza con esta decisión y la forma en que Demi Moore lo retrata me dieron ganas de repasar toda la filmografía de la actriz.
  • La imagen es utilizada constantemente para crear de forma evidente, sin ningún tipo de disimulo, dos sensaciones alternadas: la atracción y el asco. El hecho de que la narración visual sea tan directa la convierte en un discurso sobre sí misma, que no intenta engañar al espectador, que lo obliga a tomar decisiones (por ejemplo, irse del cine).
  • Si bien su temática es claramente la mirada sometedora sobre la imagen de la mujer, el conflicto no es meramente metafórico, sino literal: te dieron una sustancia, te dijeron que la usaras de una forma, y vos la estás usando de otra. Parece simple y cotidiano, pero al mismo tiempo no podés remitir la situación de la protagonista a nada que te haya pasado porque esta película estira la ciencia ficción hasta convertirla prácticamente en fantasía. Entonces, si el conflicto no tiene un referente literal en la realidad, su referente puede ser cualquier cosa, desde los peligros de no tirar los medicamentos vencidos hasta la violencia intrafamiliar. Esa multitud de referentes permite al espectador completar el sentido de la película y así enriquecerlo.

Justamente, el principal problema que le veo a esta película, el ideológico, está en los primeros dos puntos que la hacen buena. Es evidente que esta película tiene la loable intención de cuestionar las exigencias hacia las mujeres de responder a un cierto tipo de belleza y mantener una juventud eterna. Pero al criticar ese discurso, en realidad lo reproduce. Hace décadas que Linda Williams1 explicó cómo el cine de horror usa el cuerpo de la mujer como objeto de deseo y de violencia, en un doble movimiento que en realidad es uno solo. Así, esta película hace lo mismo que el cine de terror viene haciendo casi desde sus orígenes: muestra a una mujer hermosa y luego se ensaña con ella. Podemos estar tres horas explicando que lo que se muestra en realidad es el odio que la protagonista siente por sí misma, pero a fin de cuentas, lo que se ve, es esto: una mujer deseada, una mujer destruída.

También es un problema que tengamos una sola protagonista y que, a la hora de la verdad, no haya ningún tipo de sororidad a su alrededor que la rescate. Este parece ser un conflicto individual, cuando en realidad se trata de un problema social. Además, al quedarnos en el personaje, la historia que se cuenta es la misma que se ve no solo en el terror sino también en el melodrama y que se ha enseñado desde hace siglos en los cuentos para niños: las mujeres que intentan superar sus límites serán castigadas. Si este es un problema individual y no social, la culpa de todo esto es de ella. Así, una película que parece tan novedosa en el fondo está reproduciendo los temas que ya vimos infinidad de veces.

Aunque ideológicamente sea una desastre, sus tres pilares se sostienen. Esta película atrae, repele, hace reír y provoca pesadillas. Si, sabiendo todo esto, decidís verla, es mejor que la veas en el cine: la reacción de la platea forma parte del show.

La sustancia (2024)

  • Guión y dirección: Coralie Fargeat
  • Fotografía: Benjamin Kracun
  • Con: Demi Moore, Margaret Qualley, Dennis Quaid y otros.
  • Disponible en MUBI.
  1. Sólo encontré una versión en inglés https://www.jstor.org/stable/1212758 pero Sánchez-Biosca también tiene un análisis muy interesante sobre la mirada, el deseo y la violencia https://m.riunet.upv.es/bitstream/handle/10251/43029/VERTIGO_011_012.pdf?sequence=4&isAllowed=y ↩︎

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