Dame el fuego

Cautivante, tenebroso, vulnerable. Un autor que marcó un antes y un después en la literatura universal con Rayuela, pero cuya obra entera se enmarca en una cosmovisión particular, un tanto absurda a veces, de una carga visual y emotiva siempre. Julio Cortázar fue único y excepcional. ¿Cómo retratar un escritor tan inmenso y bajarlo al nivel de la tierra?

Virna Molina y Ernesto Ardito logran, en Memorias de Cortázar, captar la esencia humana de este artista fabuloso. Su obra quizás sea enrevesada para algunos, inalcanzable para otros, pero es sin duda unos de nuestros referentes culturales más importantes y los directores logran un documental poético y atrapante.

El hilo conductor lo lleva la voz protagónica del mismo Cortázar, quien a partir de extractos de entrevistas nos encamina por la cronología de todos los sucesos de su vida. Su nacimiento en Bruselas, la juventud en Banfield, la vida en Francia; tres lugares donde se apuntala el relato en primera persona. La jerarquía del discurso pivotea entre su educación, las mujeres, sus implicancias ideológicas, los miedos y por supuesto, la literatura.

Existen otros actores en este universo, quienes mediante registros sonoros (su madre o su hermana) o entrevistas (Sara Facio o el Tata Cedrón), suman sus experiencias junto a él y dan cuenta de un perfil quizás desconocido para la mayoría. Julio era buen alumno, estudioso, quizás un bicho raro. Era un joven atormentado por sus terrores nocturnos, un tipo antiperonista que luego salió al mundo y entendió que el socialismo era el camino para el cambio de la humanidad.

¿Pero qué hubo en ese derrotero? Hubo una única pasión, desarrollada desde chico y potenciada con el hallazgo de los autores que le volaron la cabeza: Verne, Poe, Cocteau. Hubo la necesidad de descubrimiento de mundos adentro de mundos, de una apertura hacia el infinito de la creación que lo posicionaron intelectualmente. Sus cuentos y novelas son productos de sus vivencias y muchos de sus textos son inteligentemente montados en determinados puntos del relato para dar fuerza a esta idea.

Su relación con el cine es un párrafo aparte, donde la mirada de Manuel Antín (cineasta y referente cinematográfico nacional recientemente fallecido), revela una amistad basada en la admiración mutua. Lo mismo sucedía con el jazz, cuya multiplicidad sonora era fuente de inspiración para el escritor, como lo evidencia en su cuento El perseguidor, inspirado en Charlie Parker.

El documental conforma, con sus imágenes de archivo, sus reconstrucciones visuales y sonoras y las animaciones, un universo estético sensible, poético pero no edulcorado, análogo al espíritu cortazariano. Hay una esencia melancólica expresada en las metáforas audiovisuales que dan vida a los testimonios y apuntan a crear un aura de ensoñación que embellece el tono general de la película.

Yo sentí una necesidad urgente de volver a sus libros, reencontrarme con esos textos que conocí a los 16 y me inspiraron de ahí hacia adelante en la vida. Pero no importa si nunca leíste a Cortázar. Este documental seguro va a interpelarte de alguna manera. Va a invitarte a leer, a pensar, o quizás solamente a contemplar el cielo, buscando cronopios o famas.

Memorias de Cortázar (2020)

  • Dirección, guión, montaje y fotografía: Virna Molina y Ernesto Ardito.
  • Disponible gratis en CINEAR

2 respuestas a «Dame el fuego»

  1. Avatar de Ricardo Paredes Vargas
    Ricardo Paredes Vargas

    Megustó eel comentario. Tengo que ver el documental y, de paso, releer algunos textos del gran Julio. Saludos desde Osorno, Chile.

    Me gusta

    1. Muchas gracias, Ricardo! Saludos

      Me gusta

Deja un comentario