Dioses que dan vergüenza

Diciembre y todo el mundo habla del nacimiento del Niño Jesús (mentira, todo el mundo habla de compras navideñas), pero nadie habla del Niño Belcebú. Así que acá vengo yo para que en esta época bisagra te concentres en lo que realmente importa: el nacimiento del Maligno, a través de una serie tan pero tan buena que a mí me hizo recuperar la fe en la humanidad.

La primera temporada de Good omens (en español significa Buenos presagios pero en muchos países en Prime aparece el título en inglés) es casi exactamente la historia de La profecía, la película de Richard Donner (y no lo ocultan, ya que el título en inglés de la película es The Omen). Igual que en la película, el hijo de un diplomático es reemplazado por el hijo del Demonio pero, como dirían los jóvenes, sale mal. Los bebés se mezclan y mientras las fuerzas del mal y del bien se concentran en ganarse al supuesto mini Demonio, el verdadero está creciendo sin ningún tipo de supervisión en un pueblito británico. Con esto ya tenemos bastante para hacer una serie (de hecho, con menos Donner hizo un clásico del cine). Pero además tenemos una multitud de personajes (ángeles, demonios, jinetes del apocalipsis, brujas, cazadores de brujas, informáticos con mala suerte y monjas satánicas) que se van construyendo a lo largo de seis capítulos con una combinación de datos de color y rasgos de personalidad que, para quien quiera, puede tomarla como una lección sobre economía narrativa.

Y ya sé que con esto nos alcanza a todos para ver una serie, pero esperen, ¡hay más! Por el módico precio de no sentirte ofendido si cuestionan tus creencias religiosas y/o científicas podés obtener una revisión de las historias bíblicas desde un punto de vista absolutamente compasivo. Es que los protagonistas son un ángel, Azirafel, y un demonio, Crowley, que se hacen «amigos» (al final viene la explicación de esas comillas) y llegan a la conclusión de que sus jefes (las fuerzas del Cielo y del Infierno, respectivamente) son casi lo mismo, pero con ropa de diferente color. En ambos bandos hay luchas de poder, burocracias absurdas y una absoluta ausencia del sentido del bien y del mal, considerando que bueno es «lo que hago yo» y malo es «lo que hace el otro». Y todo esto mientras Azirafel y Crowley intentan que el hijo del Demonio no desate la destrucción del mundo.

Acá es donde tenemos que agarrarnos la sotana y calmarnos un poco. Les aseguro que no hay nadie en el mundo más cristiano que yo, mi fe está al borde de la psicosis, mis amigos me miran como a una delirante, porque probablemente lo sea. Y así, creyente desquiciada como soy, no puedo ofenderme por una obra de ficción. Vamos de nuevo: esta es una obra de ficción en la cual los dinosaurios nunca existieron. Si te dicen que en esta ficción una parte central de la historia de nuestro planeta no ocurrió nunca y lo aceptás, ¿no podés aceptar que Dios, si existe, es un ser despreciable?

Ahora bien, si no sos creyente, esta serie quizás también te toque alguna llaga. Porque el adorable Azirafel sigue creyendo en su bando, a pesar de que siglos de maldades y sadismo le confirman que se ha apartado de cualquier noción del bien que alguien pueda imaginar. ¿Acaso no estuvimos todos en situaciones en las que a pesar de toda la evidencia seguimos creyendo en nuestra pareja/profesión/partido político/empresa/especie? Azirafel somos todos y si te ofendés un poco porque sentís que esta historia está criticando a eso en lo que creés, quizás tenés que replantearte tus alianzas.

Lo mejor de esta serie es que si no te enganchás con su tremenda carga ideológica, igual es una historia exquisita, con todos los elementos de trama y personajes necesarios para crear un vínculo íntimo con el espectador, sumada a recreaciones históricas y mitológicas espectaculares y un cuidado visual detallista en cada imagen. Dije que esta serie (cuya primera temporada vi en pleno bajón pandémico) me devuelve la fe en la humanidad, y no es porque muestre personajes honorables, de hecho, muestra lo más ruin del humano en la encarnación de sus deidades. Pero si hay algunos representantes de nuestra especie que son capaces de hacer una obra como esta, quizás no somos tan porquería como parecemos. Sí, estoy al borde del delirio mesiánico audiovisual.

Ahora un pequeño apunte sobre el final de la segunda temporada.

He aquí la explicación de las comillas que usé en el segundo párrafo. Cuando vi el beso entre ángel y demonio me pareció absolutamente forzado, por la completa falta de tensión sexual entre ellos. Pensé: se quieren mucho, pero nada más. Pero después repasé la otra pareja de seres sobrenaturales y me di cuenta de que entre ellos tampoco había ninguna tensión sexual. Y ahí entendí: son ángeles, no son seres sexuales, o al menos no como los entendemos nosotros. Por el contrario, a lo largo de dos temporadas, entre Azirafel y Crowley se desplegaron todo tipo de muestras de un cariño que va mucho más de la amistad. Entonces sí. Estos dos están enamorados.

Good Omens (2019-2025)

  • Guión y creación: Neil Gaiman, Terry Pratchett y John Finnemore
  • Dirección: Douglas Mackinnon
  • Fotografía: Gavin Finney
  • Arte: Mark Hudson y otros
  • Con: David Tennant, Michael Sheen, Jon Hamm, Adria Arjona, Frances McDormand y otros.
  • Disponible en Prime.

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