Trauma: la mentira de los finales felices

¿Cómo ocurrió que una película navideña LGTB me hizo recordar a Liam Neeson? No, no es por su paso por Love actually (Realmente amor, en Latinoamérica) sino por su papel como padre vengador/rescatista. Incluso si no viste Taken (Búsqueda implacable en Argentina) sabés de qué trata, porque viste los memes.

En resumen, secuestran a la hija de Liam Neeson, que es la rubita de Lost, y como si eso no fuera suficientemente malo, detrás del secuestro está una red de trata. Supuestamente no la violan, porque el precio de venta de una mujer es más alto si es virgen. Vamos a aceptar la premisa absurda de que unas personas que se dedicar a secuestrar y vender gente tiene algún tipo de garantía de sus «productos» y que a esta chica (en lugar de hacerle de todo menos romperle el himen, como haría cualquier secuestrador real) no le tocaron un pelo. Incluso aceptando ese presupuesto, que te secuestren no es una pavada. No existe el «me trataron bien» ni el «al menos ya pasó» ni el «me enamoré del príncipe azul que vino a rescatarme». Un secuestro es una herida que te parte la vida en dos, en especial si sos adolescente, y hace falta mucho amor, mucha terapia y mucho tiempo para poder mirar atrás con un poco de calma. Sin embargo, esta película termina con una escena alegre, la chica ha sido recuperada, la estabilidad familiar restaurada, la alegría ha regresado al rostro de la jovencita. Este final no es solamente delirante en sí, sino que también sostiene otra mentira: papá puede resolverte los problemas. Pero incluso si tu papá es Liam Neeson y tiene una «serie de habilidades» únicas en el mundo, si te pasa algo así papá va a tener sostenerte la mano cuando te den ataques de llanto (si aceptás que alguien te toque), va a tener que tranquilizarte cuando te despiertes gritando de noche y va a necesitar mucha paciencia para acompañarte en el largo camino que va del trauma a la calma. Papá Liam puede hacer muchas cosas, pero no puede hacer magia. Las implicaciones ideológicas de este papá superpoderoso se vuelven más complejas cuando entendemos que es un representante del Estado, que es un poco violento, pero cuando las papas queman, sale a rescatarte. Pero no vamos a meternos en eso. Vamos a volver a la película navideña.

Era el 2020 y, como todos, hice cosas de las que me arrepiento, entre ellas ver Happiest Season (Feliz novedad en algunos países). Les cuento el final porque no creo que valga la pena verla para nadie (salvo que haya una nueva pandemia). Harper invita a su novia Abby a festejar la Navidad con su familia, porque está segura de que Abby va a decir que no pero, contra todo pronóstico, Abby acepta. El problema es que Harper nunca le dijo a sus padres que es lesbiana y mucho menos que está viviendo con su novia. Para colmo de males esto se lo dice a Abby en el camino, cuando ella ya no puede volverse atrás. Encima, no le dice «che, acompañame a salir del clóset» le dice «hagamos de cuenta que somos amigas». Y lo peor es que Abby acepta. ¿Saben cómo termina esto en la vida real? Uno o dos años más de maltratos y ninguneos por parte de Harper, hasta que Abby finalmente logra cortar con el ciclo y se manda a mudar. Pero en una película de Navidad no, en esta película estupidísima (en la que cabe rescatar al amigo, que la tiene clarísima y le dice a Abby «nos vamos ya mismo de acá»), todo se soluciona porque todos en la familia terminan diciéndose las «grandes verdades» que estuvieron callando durante años, en un escándalo en frente de todos los conocidos de la familia. Este es un recurso usado por la ficción desde mucho antes de que existiera el cine, principalmente por el teatro, porque es muy escénico: todos los personajes reunidos, se desvela una verdad acallada pero conocida por todos, cada uno reacciona de una forma distinta. Aparte de ser un recurso viejísimo (que igual es perdonable, porque también es antigua la tragedia, y nos encanta) es, otra vez, una mentira absurda. Así como no se te pasa el impacto de un trauma en dos días porque tu papá vino al rescate, tampoco se detienen dinámicas familiares y de pareja patológicas simplemente porque alguien arma un escándalo. En ambos casos se está ocultando la complejidad de un problema, y en este caso en particular se defiende la idea de que uno puede cambiar su comportamiento simplemente por fuerza de voluntad. Si bien esto es real en muchos casos (no se te había ocurrido ponerte protector solar y, ahora que se te ocurrió, tu vida es mucho mejor), no lo es para comportamientos que están arraigados más profundamente, como por ejemplo ocultar aspectos centrales de tu vida a tu pareja y a tu familia.

Si hace 20 años nos quejábamos de modelos irreales e inalcanzables del cuerpo, hoy nos podemos quejar de modelos irreales e inalcanzables de la personalidad: hay una expectativa de omnipotencia que no tiene ningún correlato en la realidad. Porque las modelos de Victoria’s Secret existen, pero papá anti-trauma no, y la charla a los gritos que mejora todo tampoco.

Pero esta no es una revista para despotricar contra lo que no nos gusta sino para rescatar lo que amamos, y por eso ahora les cuento donde sí el cine y las series se animan a mostrarnos el trauma y sus consecuencias.

  • Los juegos del hambre: hay muchas razones por las que me gustan estos libros y estas películas, pero si vamos a hablar de traumas, es buenísimo cómo la heroína tiene que explicarle a un papanatas que ella acaba de sobrevivir una lucha encarnizada a muerte y que quizás no está para jugar a los novios. También es interesante cómo se baja del caballo del heroísmo cuando ve las consecuencias de sus acciones y cómo entiende que hace falta mucho más que un símbolo para hacer una revolución. Si te gusta la acción, las aventuras y la ciencia ficción, y no te gusta que te traten como a un infante, esta es tu saga.
  • I saw the devil/Encontré al diablo: Esta película es muy gore y al mismo tiempo tiene a los dos más grandes actores de Corea: Choi Min Sik y Lee Byung Hun. Dos súper hombres, dispuestos a todo para reventarse a patadas. ¿Dónde está vulnerabilidad, dónde está el trauma, dónde está la profundidad psicológica? En los últimos 30 segundos. Sólo apta para los amante del género.
  • Maid/Las cosas por limpiar: ya hablé de esta serie sobre el trabajoso camino desde una relación violenta hasta la libertad. Está plagada de personajes que hacen lo mejor que pueden y no alcanza. Aquí todos, héroes y villanos, son gente con limitaciones, que tienen miles de «charlas que cambian todo» que no cambian nada.
  • Bebé reno: esta serie parece querer contar un conflicto y a medida que avanza descubrimos que en realidad está contando otra cosa, un evento capaz de destruir a una persona y dejar huellas que no se solucionan con un abrazo y una actitud positiva. Si bien a mí me parece excelente, es tan realista, tanto desde lo argumental como desde lo visual, que puede volverse completamente insoportable. Por eso, si últimamente te sentís un poco vulnerable, no la veas. No, no es sobre una señora acosadora, es sobre otra cosa.

Una respuesta a «Trauma: la mentira de los finales felices»

  1. […] en su percepción tampoco se trata de una tragedia. En Los juegos del hambre, si bien, como dije en otra oportunidad, hay una clara referencia al trauma que representaron los juegos para la protagonista, hay una […]

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