Lo que sigue está lleno de spoilers y plagado de subjetividad, aclarado esto, vamos.
El lunes vi el segundo capítulo de la segunda temporada de la serie The Last of Us, basada en un videojuego, protagonizada por (ovación de pie) Pedro Pascal y Bella Ramsey. Se trata básicamente de los devenires de estos dos personajes, Joel y Ellie, y la construcción de un vínculo muy especial. Y de matar zombis claro. No jugué al juego ni lo conozco, pero sé que tiene una narrativa muy rica y que no es “solo” uno de matar zombis: hay una historia. Si no la hubiera, habría sido muy difícil adaptar el juego para hacer esta serie. Aclaro. porque se podría haber hecho algo más liviano con la base del videojuego, del tipo de aventuras, más parecido al entretenimiento y estaría perfecto; pero ese no es en absoluto el tono que tiene la serie de Max que luego de unos meses estrenó su segunda temporada. Basta recordar el episodio tres de la primera.
La serie es realmente impresionante. Tiene una gran producción, dirección, una fotografía que apunta a la belleza formal y no sólo al argumento, impecables actuaciones y un guion cuidado, sutil. Los zombis son originales, porque el brote está relacionado con un hongo (el cordyceps) y los efectos prácticos ingeniosos y de buena calidad consiguen crear unos monstruos terroríficos. Se trata, además, de zombis rápidos; hasta esta segunda parte de la historia, sin ningún tipo de inteligencia, y ávidos de matar, no sé bien si para comer cerebros o sangre o solamente matar. La forma de matarlos, a su vez, es la clásica: tiro o golpe preferentemente en la cabeza. Nada de lo que haya dicho hasta ahora destaca especialmente, quizá la forma del zombi; lo que hace a la serie una gran serie es la forma en que cuenta los vínculos humanos, que se van armando y desarmando como pueden en medio de un apocalipsis que se hace demasiado largo.
Como en toda narrativa de zombis la verdadera amenaza, al final, son lxs humanxs. La primera temporada narra en cada uno de sus capítulos una forma distinta de fracaso de lxs que sobreviven de hacerlo sin violencia entre ellxs. Recordemos que como todo apocalipsis, el zombi no queda excluido de ser una forma de oportunidad: la destrucción de un orden previo es requisito fundamental para organizar uno nuevo. Pero la serie, como muchas otras del género, muestra una y otra vez el fracaso de la humanidad por pensar nuevas formas de organizarse y convivir. Capítulo aparte la imposibilidad de imaginar formas comunitarias exitosas para este tipo de narraciones anglosajonas. Nuevas formas de vincularse para hacer frente a la amenaza, no-humana en este caso, provocada por (y esto también es interesante pensarlo aunque no se desarrolla mucho en la serie), probablemente, su des-vinculación con la naturaleza, la vida no-humana, como son los hongos. Los pobres hongos que recién en el último tiempo están pudiendo tener un poco más de atención de científicxs y filósofxs; una especie que tiene tanto para enseñarnos desde su comportamiento y sus propiedades, y que, para mi humilde entender, es de las formas de vida no humana que más se parecen al alien.
SI TODAVÍA NO VISTE EL SEGUNDO CAPÍTULO DE LA SEGUNDA TEMPORADA, NO SIGAS LEYENDO.
Pero vamos a lo que vinimos. La serie comenzó su segunda temporada, y luego de un primer capítulo algo chato y sin demasiadas emociones, vino el segundo. Lo que se narra ahí, como en toda la serie al parecer, es algo que sucede también en el juego: el personaje de Pedro Pascal, Joel, muere. Pero no muere ni en un accidente, ni a manos de los zombis, ni en un acto heroico. Muere luego de ser torturado por una chica huérfana, cuyo padre fue asesinado…por Joel. En busca de venganza, Abby (Kaitlyn Dever) destroza la bella carita de Pascal/Joel para terminar de rematarlo con un caño o pedazo de palo de golf (no pienso volver a verlo) que le clava en el cuello. Y más allá de lo imperdonable que puede resultar matar a Pedro Pascal hoy (porque cuando le destrozan su carita en Game of thrones no era tan conocido ni se acercaba a ser el centro de nuestro universo de fantasías y/o enclave moral de la humanidad), lo que me resultó despreciable es el cómo. Y ustedes me dirán “así lo matan en el juego”. Sí, no me refiero a eso. Aunque hay que aclarar que ni jugué ni conozco el juego y por lo tanto me es completamente indiferente a la hora de ver la serie. Me refiero al cómo está narrada esa muerte.
Me cuesta en el último tiempo no enojarme con las narraciones que o me subestiman o buscan “impactarme” de manera obvia. Flashbacks y primeros planos innecesarios que vuelven a narrar lo mostrado, sin dejar lugar para que el cerebro funcione por su cuenta y vaya atando los cabos necesarios: narraciones inseguras de estar contando bien, dudando de si se entendió lo que querían decir/mostrar/narrar. A la vez, desconfiando del espectadxr, de quien creen que no es capaz de retener un dato mencionado o mostrado un par de minutos antes. Sin intentar si quiera un análisis de este tipo de narración de productos audiovisuales masivos, quiero detenerme en el segundo motivo por el cual me cuesta hoy disfrutar de muchas películas y series (sobre todo series) y que creo que es lo que sucede con la muerte de Joel. No es fácil conmover, no es fácil sorprender, mucho menos contar algo nuevo o inesperado. Sin embargo, es obvio cuando la narración busca generar un efecto brutal (por lo general también pasajero) a través del gore, lo desagradable, lo impactante. Y no estoy criticando el gore por el gore mismo, el cual disfruto muchísimo cuando la película o la serie van de eso: hay cosas que vemos -quienes miramos sobre todo horror/terror- con la expectativa puesta en la originalidad de las muertes o mutilaciones. Pero en el caso de The Last of Us, como dije, la cosa no pasa por ahí. La cosa pasa, hasta ese capítulo al menos, por la construcción/destrucción de los vínculos entre quienes sobreviven, y, sobre todo, del que van armando, como pueden, Joel y Ellie. Joel es un hombre roto desde el principio, que perdió a su hija apenas comenzó el brote zombi, y no tiene grandes motivos para seguir vivo, y Ellie es una huérfana que lleva en su sangre la cura para el contagio. Lo que al comienzo parece una relación de interés (Joel la ayuda a Ellie por otras razones que no son en sí mismas ayudarla) se va convirtiendo, a medida atraviesan esa dura tarea de sobrevivir, en un vínculo complejo, tenso y hermoso. Una relación “padre-hija” sin rasgos sanguíneos, cimentado en el deseo de proteger, ser protegido y aprender el uno de la otra y viceversa. La serie va siguiendo con atención el crecimiento de ese vínculo y sus avances y retrocesos, el aumento de sus complejidades, hasta llegar al primer capítulo de la segunda temporada, tres años después del final de la anterior, para mostrarnos a una Ellie adolescente alejada de su figura paterna y a un Joel adulto absorto ante la incomprensión de lo que esa “hija” ha devenido.
Cuando empieza a torturarlo, Abby le recuerda a Joel que él mató a su padre a sangre fría, sin siquiera mirarlo. Por las dudas, la serie vuelve a mostrarnos la escena de un par de capítulos previos en la que se ve exactamente eso. Pero el flashback es breve, muy reducido. Joel mata a sangre fría al padre de Abby, el médico que iba a hacer la intervención en Ellie para obtener la cura contra el contagio y que iba a terminar con la vida de nuestra protagonista, e hija adoptiva de Joel. No es un acto de crueldad, es una parte de la coreografía del rescate que Joel ensaya cuando, después de darse cuenta de que entregó a la chica y ella no va a sobrevivir a esa intervención, decide volver a buscarla. Porque Joel tiene que proteger a Ellie, es el motivo que encontró para seguir viviendo, es la tarea que ahora sostiene su identidad. Mientras Abby le recuerda el asesinato de su padre, Joel permanece en silencio, sabe que su suerte está echada y solo atina a pedirle, a exigirle, que lo mate rápido. Los discursos previos a la consumación de la venganza pueden ser reparadores o, como en este caso, aburridos. No conocemos a Abby, la vimos un poco el capítulo anterior, no terminamos de empatizar con su obsesión en matar a nuestro protagonista; héroe, antihéroe, no importa, es el personaje que nos interesa, el centro de la historia que estamos viendo. Antes de ser asesinado por ella, Joel salva la vida de Abby sin saber quién es ni qué quiere, desconociendo también que es la responsable de haber despertado a una horda zombi que, mientras lo tortura, está destruyendo el enclave comunitario que dirige junto a su hermano. La venganza de Abby es ciega, su sadismo espanta a sus compañeros pero no lo suficiente para frenarla, todxs parecen comprenderla.
Y vamos a lo importante. Joel va a morir, es un hecho, nos guste o no nos guste, sepamos o no del juego, esta que apareció hace nada en la historia se va a cargar a nuestro protagonista, a ese hombre que fue aprendiendo a amar otra vez, a animarse a cuidar, a acompañar, aun en un escenario de completa desesperanza como es el de un apocalipsis zombi. Ellie ya está en escena, es testigo de la tortura y próxima muerte de ese hombre. Abby hunde ese palo/caño en el cuello de Joel. Y él deja de respirar.
Así. Con los ojos abiertos, vemos llorar desgarradoramente a Ellie. Y Joel está finalmente muerto.
Parece que los creadores anduvieron diciendo que la serie “obliga al espectador a enfrentarse al duelo” y que quisieron reafirmar que en este mundo (ficcional supongo) nadie está a salvo. Chicos, ya vimos Lost, Game of thrones, lo sabemos. Y les agradezco por la sesión de terapia pero me pregunto ¿por qué no un flashback final de ellxs dos abrazándose, riendo? ¿por qué no algo que en esa escena de profunda crueldad nos dé algo de aliento, al menos la certeza de que ese vínculo igual valió la pena? Me pregunto por qué usar el flashback para recordar lo obvio y por qué no usar ese recurso a la vez obvio y tan fácil de usar para traernos algo de paz en medio de tanta violencia. El foco, que supo estar con Joel durante gran parte de la serie, se desplaza del todo y nos quedamxs solxs con Ellie yendo a abrazar el cadáver de su padre. Si vemos desde el punto de vista de él vemos la desesperación, la horfandad, la pérdida irreparable. ¿Y él? ¿por qué no se defendió o al menos trató de explicar por qué hizo lo que hizo con el padre de Abby, por qué si él no lo mataba sería su hija la que moriría? Entiendo el punto, el efecto es brutal, sentimos lo que probablemente siente Ellie. Pero no somos ella, también fuimos él. El de The Last of Us es un universo amoral, no hay buenos y malos. Sin embargo, nuestro viaje es el de estos dos personajes. Personalmente me importa poco y nada qué pasa en el juego. Si había que matarlo, lo acepto. No acepto que me quieran hacer sufrir así, que no puedan narrar con un poco más de amor para con el personaje y el espectador un evento tan tremendo.
No estoy en contra de la distopía, me parece una gran forma narrativa. Ni siquiera estoy en contra de una buena muerte de un personaje importante. Me gusta que me cuenten esas cosas, me gusta que me hagan sufrir, pero no así. Detecto en este capítulo algo que, como dije, vengo sintiendo últimamente: un dedo en la llaga obvio, el efectismo, el impacto. Creo que hay formas más sutiles y amorosas de contar historias brutales. Está el cross a la mandíbula del que hablaba Arlt o la puñalada por la espalda, artera, para generar reacción en redes sociales.


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