Lo cotidiano, lo absurdo y lo extremo

Conocimos a Park Chan-wook por su trilogía de la venganza: tragedias en el sentido más clásico del término, en que un error, un acto de soberbia o una imprudencia, desencadena una serie de hechos de los cuales es imposible salir indemne. Como en Sófocles o Esquilo, no hay solución posible, no hay decisión que lleve a un final feliz. Todo es muerte y hacia la muerte nos dirigimos. Otras de sus películas muestran a seres singulares (como vampiros, cyborgs o criminales) intentando sobrellevar fenómenos como el amor o la traición. En todos los casos, son personas singulares en contextos extraordinarios. Nada de «gente como uno».

Pero con La única opción todo cambia. Esta es la historia de Man-su, un hombre en apariencia ordinario enfrentado a una situación ordinaria: ha perdido su puesto en una papelera y debe encontrar un trabajo nuevo para no verse obligado a vender la casa donde vive con su familia. En suma, «gente como uno» con problemas como los de uno. Incluso la película se asegura de presentar a Man-su de la misma forma en que todas las películas muestran a un protagonista justo antes de que le pase algo terrible: contento, con su familia y diciendo explícitamente que lo tiene todo.

En cualquier otra película, esa escena de felicidad sería absolutamente pueril, una fantasía absurda de completud imposible en la vida real. Pero acá vamos conociendo paulatinamente a un personaje que es «como uno» en el peor sentido: con secretos, heridas abiertas, limitaciones y remordimientos. Con o sin trabajo, nadie lo tiene todo. Así, esa primera escena se vuelve una pieza en el rompecabezas que toma distancia e ironiza sobre toda historia del supuesto hombre común. Esa «única opción» (que se le presenta a Man-su pero también a otros personajes) no es la única, de hecho, ni siquiera es una solución. ¿A quién se le puede ocurrir que si te quedás sin trabajo tenés que salir a matar gente?

Ese hombre común se vuelve extraordinario, es decir, extraordinariamente violento. No hace lo que haría cualquiera, hace lo impensable. Pero mientras lo hace, parece ser uno de nosotros, con nuestros miedos a ser mordidos por una víbora, nuestro prurito a descuartizar a una persona, nuestras dudas, nuestra incompetencia para una tarea semejante. Incluso, ante un nuevo asesinato, recurre a un razonamiento falaz que usamos siempre: «si no hago esto que está mal, todo lo malo que ya hice habrá sido en vano». Y aunque nos parezca ridículo, es el mismo razonamiento de la gente que se queda en pareja en honor al tiempo compartido, como si veinte años de convivencia infeliz justificaran otros veinte, como si dos delitos ya cometidos justificaran un tercero. Con todos estos trucos, Man-su parece ser como nosotros, pero no lo es, hay un límite que nosotros tenemos y que a él le falta.

Lo absurdo de esta supuesta imposibilidad de elegir se hace evidente todo el tiempo, los personajes mismos se cuestionan sus acciones, se ofrecen alternativas, razonan en contra de sus propios razonamientos. Así, la violencia se manifiesta no como un medio, sino como un fin. En la sonrisa de Man-su cuando levanta la única prohibición que todavía conservaba, vemos el placer de no tener límites.

Pero no nos olvidemos de que esta es la historia de un hombre que se queda sin trabajo, en el contexto de una industria que está dejando a muchos sin trabajo. La película comienza explicando que, en inglés, cuando a alguien lo echan se dice que «le dieron con un hacha» y que en coreano se dice que «le cortaron la cabeza». Echar a la gente es como matarla. Si esa «única opción» del protagonista nos parece absurda, el contexto en que se ubica y el final mismo de la película permite una lectura más amplia sobre lo que se presenta como «la única opción» de las empresas al deshacerse de su personal.

Con estas múltiples lecturas, con estos personajes complejos que se despliegan paulatinamente ante la vista del espectador, con un humor negro y ridículo a la vez, con un trabajo sobre los espacios que nos dice más de los personajes que cualquier diálogo, La única opción nos devuelve al Park Chan-wook que amamos, que encontró en la novela de Donald Westlake The ax, una historia de ficción a la altura de su cine, y también a la altura de su protagonista, Lee Byung-hun.

En medio de la violencia y la insensatez, brilla un personaje: la hija chelista de la familia, el verdadero ser extraordinario, la única que no es cómplice. Ante el falso final feliz que es en realidad el triunfo de la maldad, Park se atreve a darnos una esperanza y depositarla en el arte.

La única opción (2025)

  • Dirección: Park Chan-wook
  • Guion: Donald E. Westlake, Park Chan-wook, Lee Kyoung-mi
  • Fotografía: Kim Woo-hyung
  • Con: Lee Byung-hun, Son Ye-jin y otros.
  • Disponible en cines.

Deja un comentario