Un acto de piedad

En el arte, temas como el desengaño, la traición, el fracaso y, ante todo, la muerte son muy difíciles de tragar si no vienen envueltos en una coartada que puede ir desde lo fantástico hasta lo francamente mentiroso. Por ejemplo, todos vimos Coco, a todos nos gustó Coco, todos lloramos con Coco, pero vamos a poner las cosas sobre la mesa: por más perros multicolores que me pintes, la muerte es la muerte y perder a un ser querido es una experiencia arrasadora. Entonces, cómo hace el arte, que desde siempre viene hablando de nuestras peores pesadillas, para mirar de frente (sin las mentiras de que la abuelita te cuida desde el cielo) a los grandes horrores que todos conocemos y tratamos de ignorar. Algunos artistas, como Goya o Pasolini, decidieron usar los materiales de su arte para hacer concreto lo abstracto, decirte que debajo de la cama sí hay un monstruo, y les importó muy poco si los espectadores salían corriendo del cine o del museo. Nada de piedad, nada de mentiras, un golpe directo en la cara del espectador.

Otros artistas te hablan de cosas terribles, te proponen escenarios espantosos, pero todo el tiempo te recuerdan que la historia en sí, aunque retrate verdades, es mentira. Es el recurso de Lars von Trier en Dogville y de casi todo lo que hace Yorgos Lanthimos. Pero lo que diferencia a estas obras de una mentira cualquiera es que de esa combinación entre forma francamente mentirosa y contenido aterradoramente verdadero surge una experiencia estética. Y esto es lo que pasa en Ahoradespués, la obra que no sólo habla de la muerte, sino de un ser querido que sabe que la muerte es inminente, de esa impotencia que sentimos al no poder proteger a quienes amamos, de esos eventos que nos pasan por encima con una intensidad muy superior nuestras fuerzas.

En Ahoradespués un hijo recuerda el último día de su padre, que estaba débil, enfermo, que sabía que no le quedaba mucha más vida por delante. El hijo narra ese último día leyendo para el espectador, y cada tanto hace aclaraciones, reflexiones, como si no estuvieran en el texto original. Si te cuento todo esto, quizás decís «ni loco salgo un martes a la noche a morirme de frío para después morirme de angustia», pero no te preocupes, porque la obra te rescata de esa angustia todo el tiempo.

Cuando el personaje «se sale del texto», cuando se mueve entre atriles o manipula una pelota, nos recuerda que estamos en el teatro, que incluso si la historia que escuchamos es cierta, no lo es ahora, no estamos viendo a un hijo recordar a un padre como lo haría en un café, que no hace falta que lo tomemos en serio y lo abracemos y lloremos con él. En esa misión de recordarnos que la ficción es ficción, el lenguaje, su significado y su materialidad juegan un rol imprescindible: el personaje repite palabras y sentidos, retoma lo dicho una y otra vez, en un discurso que sigue simultáneamente la lógica de la narración y de la poesía. En ese llamar la atención sobre el lenguaje mismo y sobre el espacio teatral, esta obra no sólo permite que nos enfrentemos al horror de la muerte y de la pérdida, sino que también rebela uno de los caminos del duelo: el contar con otros, el repetir para recordar y reformular, el lenguaje como una acción hacia otros que permite traer algo al presente, para poder dejarlo atrás o no.

Ahoradespués

  • Dramaturgia: Guido Zappacosta
  • Dirección: Héctor Díaz
  • Con: Federico Ottone
  • Iluminación y espacio escénico: Gonzalo Córdova
  • Vestuario: Daniela Dearti
  • Diseño sonoro: Mauro García Barbe
  • Dónde: Espacio Callejón. Humahuaca 3759 (CABA)
  • Cuándo: martes 20 hs. Hasta el 26/05/2026
  • Comprá entradas en Alternativa

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