Premisa 1 de Comerse un hipopótamo: en el futuro está prohibido comer animales. No parece una idea ni siquiera futurista, sabemos que muchos estarían de acuerdo con aplicarla hoy mismo. Premisa 2: hay toque de queda y la comida escasea. O sea, la vida misma hace unos años. Premisa 3: hay una organización gubernamental encargada de registrar los casos de autofagia, es decir, la práctica de comerse a uno mismo. Y acá es donde la realidad empieza a tambalear. Hoy, que cualquier ficción distópica parece perfectamente probable en el corto plazo, lo singular de cada historia no está qué tan horrible imaginamos el futuro, sino en el vínculos que se crean entre los seres humanos y hasta de cada persona consigo misma. Este no es, claramente, un espectáculo para cualquiera: la desesperación del hambre, la decisión aterradora de ofrecer el propio cuerpo en sacrificio, en fin, la locura, son temáticas que pueden alejar a más de uno de la sala, en especial en una puesta que, aunque se basa casi enteramente en el ridículo y el humor, no nos ahorra ningún disgusto. Pero si te animás a verla, te vas a encontrar no sólo con una ficción de terror futurista sino con un mundo en que todos mienten y por momentos pareciera que el título mismo nos miente. Así, se pone en cuestión la construcción de una historia en escena pero también de cualquier relato, cuando es difícil saber qué creer, a quién creer y, ante todo, qué es lo que conviene comer.

Comerse un hipopótamo
- Dramaturgia y dirección: Víctor Chacón
- Con: Carolina Erlich, Evelyn Herberg, Luciana Maquez, Pilar Rodríguez Rey, Floriana Tortone Silva.
- Vestuario: Kitty Di Bártolo
- Escenografía: Lucía Otaño
- Dónde: Espacio Polonia. Fitz Roy 1477 (CABA)
- Cuándo: Viernes 22.30 hs. Hasta el 29/05/2026
- Sacar entradas en Alternativa


Deja un comentario