Bodas de Sangre de Federico García Lorca y El casamiento de Nicolás Gógol son dos obras de teatro sobre, claramente, una boda, a la que al menos uno de los novios se enfrenta con sentimientos encontrados. La primera es una tragedia anticipada en el propio título, y una tragedia que podría ser griega, porque los personajes están sujetos a fuerzas tan arrasadoras que cualquiera diría que un dios maligno los maneja. La segunda es una comedia en que ni un personaje se salva del ridículo, porque nadie como Gógol sabe reírse de la burguesía de su tiempo. Ambas son obras maestras, no lo digo yo, lo dice la Historia. Dicho esto, he aquí la advertencia:
Si no leíste/viste/escuchaste Bodas de sangre y El casamiento te recomiendo que no sigas leyendo y que vayas a buscarlas. Acá vas a encontrar spoilers pero además tu vida no puede continuar sin estas obras. A continuación te dejo links para leerlas o escucharlas. Si todavía necesitás más razones para acercarte a ellas, salteá los links y seguí leyendo.
Leer Bodas de sangre: https://www.cervantesvirtual.com//
Escuchar Bodas de sangre en la adaptación para radio teatro de Las dos carátulas (Radio Nacional) en Spotify https://open.spotify.com/
Leer El casamiento: https://web.seducoahuila.gob.mx/
Escuchar El casamiento en la adaptación para radio teatro de Las dos carátulas (Radio Nacional) en Spotify https://open.spotify.com/
Ahora que ya todos sabemos de qué estamos hablando, pongamos las cartas sobre la mesa: si una amiga tuya está enamora de un tipo desde hace años, el tipo está enamorado de ella pero se casa con otra, tiene dos hijos con la otra, tu amiga se casa con otro tipo que es un divino, que está buenísimo y que la adora, y esa amiga, justo después de la boda, se va con el primer tipo, el casado, (con quien, recordemos, podría haberse ido dos años antes o media hora antes de la boda)… ¿no le dirías que es una estúpida? Eso en el mundo actual, donde lo más grave que pasa es que le rompés el corazón a alguien. Ahora, si tu amiga sabe que sí o sí, por las reglas del mundo donde vive, los dos tipos que la aman van a tener que matarse a cuchillazos porque no les queda otra, tu amiga más que estúpida es una psicópata. Entonces vos vas y le decís «Pero nena, ¿qué te pasa? ¿Cómo vas a a hacer una cosa así? ¿Por qué no te fuiste antes con el que te gustaba, paparula?» Pero ella te dice «Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y [mi novio] era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes.» Y ahí te das cuenta de que fue poseída por el espíritu de Lorca, que hace que todo sea más dramático, más intenso, más urgente, y que el día que Lorca se come una barrita de chocolate Águila los muertos gritan de éxtasis y los vivos se arrancan la piel. Nos reímos, pero es así. No sé qué hace, pero de golpe tiene todo el sentido del mundo irse con un tipo después de casarte con otro que, en el fondo, te gustaba bastante. Al mismo tiempo, si lo pensás tres minutos, no, esta chica es una loca, una estúpida o una malvada. Pero después te acordás de los juncos y ya no sabés qué pensar. Lorca hace que algo muy simple se vuelva muy complicado.
Lo que en Bodas de sangre es intensidad y fatalidad, en El casamiento es superficialidad y planificación. Si en Bodas… la novia se tenía que casar para calmar tanta llaga viva, en El casamiento la gente se casa porque hay que casarse, porque si tenés cierta edad y cierta posición, ¿cómo no te vas a casar? En un caso hay tragedia, en el otro comedia, a una la llaman los juncos y a los otros las convenciones sociales, pero en el fondo pasa lo mismo. Podríamos estar diez horas enumerando las razones por las que estas dos historias son tremendamente diferentes, pero hoy me interesa fijarme en lo que tienen en común, que no es solamente la unión frustrada. En los dos casos los protagonistas son incapaces de dominar sus propias acciones, tienen la voluntad de hacer una cosa y hacen la contraria. Y acá es donde entra Freud.
A Freud le encantaban las tragedias griegas y a veces las usaba para ilustrar metafóricamente sus teorías. Así que Freud era un intenso, como los griegos y como Lorca. Un día descubrió que a veces hacemos cosas que pueden perjudicarnos y las hacemos deliberadamente para que nos perjudiquen y a ese fenómeno lo llamó «pulsión de muerte», pero lo podría haber llamado «me llaman los juncos» o bien «yo no quería pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar». No digo que la novia haya actuado por pulsión de muerte, digo que son todos unos exagerados.
Entonces tenemos dos historias, en las que pasa casi exactamente lo mismo, en una es todo trágico y en la otra es todo ridículo, ¿cuál es la lectura verdadera? Freud diría: las dos. Porque hay pequeños detalles, acciones nimias que no podemos hacer o que no podemos dejar de hacer y, según la teoría psicoanalítica (que es sólo una teoría, no la Verdad revelada) están motivadas por fuerzas subterráneas similares a dioses ancestrales que no podemos controlar. No es lo mismo que tu incapacidad de ser feliz te haga llegar tarde a todas partes, te haga escaparte por la ventana antes de tu boda, o te haga convertir tu boda en una matanza. Y al mismo tiempo, si leemos a Gógol, vemos que hay motivaciones que no son tan trágicas ni tan arrasadoras. A lo mejor a la novia alguien tendría que haberle dicho «Oíme, ya te casaste, ¿por qué no aprovechás a tener la noche de bodas y después hablamos? No hace falta hacer tanto escándalo.»
Sé que gran parte de este razonamiento se cae pensando en una sociedad en la que no existe el divorcio y las mujeres son propiedad de su familia o de su marido. Pero bueno, me parece un desperdicio que esta chica se quede virgen porque al final no estuvo con ninguno de los dos. En realidad, lo que permite este ejercicio de espejar dos obras análogas pero opuestas es echar luz sobre nuestra propia experiencia, y darnos cuenta de que seguir yendo a un trabajo donde sufrimos porque «que otra cosa vas a hacer a tu edad» es un poco más grave de lo que parece y «me gusta el amigo de mi novio» es bastante más simple de solucionar si no querés sumergirte en el placer de la tragedia.
Pero este ejercicio, incluso si puede cambiar tu vida (0-800-soluciono-tus-problemas), no está tan bueno como leer estas obras maravillosas. Así que, como dirían los españoles, hala, a leer (o a buscar estas obras en los teatros de tu ciudad).


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