Tres amigos emprenden un viaje en bicicleta. No es una gran aventura, es simplemente una excursión de un día. Cada uno de los personajes tiene un perfil muy específico, cada actuación explora las particularidades del sentir de ese personaje, el espacio se construye con elementos escasos y certeros, el texto ofrece las palabras justas para transmitir hechos y emociones en un mismo parlamento y la dirección construye un ritmo que permite crear climas en contrapunto, como formando una textura que impide la monotonía. Mientras veía esta atractiva conflagración de todos los oficios del teatro no pude más que pensar «jogo bonito», aunque soy la persona menos futbolera que conozco. Sin embargo, Empalme Lobos, aunque es elegante y efectiva, es algo más que eso, y sospecho que tiene que ver con una pequeña vuelta de tuerca que le da a un argumento archiconocido.
Todos vimos muchas películas con esta historia: un grupo de amigos o amigas (en general todos del mismo sexo) se embarcan en un viaje que promete ser muy divertido pero un poco después de la mitad algo hace que se digan unas cuantas verdades y se peleen. Al final, por supuesto, descubren el valor de la amistad y se reconcilian. Este argumento está tan trillado que cuando Amy Poelher dirigió su propia versión (Wine country, 2019), se encargó de que el personaje de Tina Fey anticipara al comienzo de la película todo lo que iba a pasar después porque, a fin de cuentas, el espectador ya lo sabía. Ahora bien, como dije, Empalme Lobos también muestra a tres amigos en un viaje, pero da vuelta el argumento tradicional. Desde el principio dos de ellos cruzan agresiones y acusaciones mutuas mientras el tercero intenta mantener la paz. La antigüedad de la relación parece garantizar que nada va a romperse, como esas familias que conviven flotando en la violencia. Eso significa que, cuando encararon la ruta, sabían que era una apuesta. Entonces, el hecho de que ni el espectador ni los personajes sean seducidos por una promesa de paseo idílico plantea, además de la novedad argumental, una modificación en el sentido: ¿qué motivó a estos personajes a hacer el viaje?

Esa motivación última no puede extraerse de las palabras, quizás puede inferirse parcialmente de los gestos, pero en realidad creo que ni siquiera está en la escena. Es algo que, para el espectador que quiera percibirla, genera una incógnita, algo inconcluso. En esta obra en que todo cae donde tiene que caer, ese hueco ofrece un extra de sentido, una pequeña pero significativa frustración al espectador. Aunque parezca contradictorio, es esa falta lo que completa la experiencia estética y hace que esta obra trascienda con mucho su anécdota e incluso su jogo bonito.

Empalme Lobos
- Dramaturgia: Miguel Montes
- Dirección: Silvina Bailo y Andrés García Dietze
- Con: Claudio Amato, Federico Ibarra y Darío Set
- Dónde: Espacio Callejón. Humahuaca 3759. CABA.
- Cuándo: Sábados 22 hs. Hasta el 28/06/2025


Deja un comentario