Con este título grandilocuente te lo anticipo: todo en La Odisea de Nolan es grandilocuente. Pero esta es probablemente la historia donde está más justificado que en ninguna otra hablar de dolores desgarradores, traiciones imperdonables, enemigos tan malos que no son humanos y hasta les juro que hay alguien diciendo «maldita lisiada» (o similar). Por si no sabés nada de la Odisea, aquí un breve resumen:
Se supone que en el siglo XII a.C. un príncipe troyano secuestró/sedujo a la mujer del rey de Esparta (en Grecia) y se la llevó para Troya (ubicada en lo que hoy es Turquía). La respuesta del rey de Esparta fue llamar a sus amigos reyes de otros reinos griegos y salir todos juntos a invadir Troya. La guerra duró diez años y al final ganaron los griegos. La Odisea es un poema compuesto por Homero probablemente en el siglo VIII a.C. que cuenta el viaje de regreso de Odiseo (alias Ulises), que era uno de esos reyes griegos que ganaron la guerra. Lo que separa a Troya de Grecia es un mar diminuto para quienes estamos acostumbrados a mirar el Atlántico, pero a Odiseo le llevó otros diez años hacer el viaje. Tanto el poema de Homero como la película de Nolan empiezan al final de ese viaje, es decir, cuando hace veinte años que Odiseo se fue de su casa.
Si querés saber más sobre la guerra de Troya, te preparé algunos puntos clave para entender la película si no sabés nada de mitología griega.
La película cuenta cómo está la situación en Ítaca, el reino de Odiseo, que hace veinte años que no tiene rey, y también cuenta, en forma de recuerdos, todo lo que le pasó a Odiseo en el viaje. Y ahí es donde está lo jugoso. Porque a Odiseo le pasa de todo. No es «todo lo que te puedas imaginar», es más. Y por eso es la historia ideal para llevar al cine y para volverse un poco maníaco: en cada islita a la que llega Odiseo le espera una maravilla o un horror nuevo, una aventura nueva, una nueva posibilidad para mostrar lo maravilloso que es él y lo aterrador que es el mundo. Y para entender esto es importante saber cómo se gestó el poema de Homero: toda la historia de la guerra de Troya, lo que pasó antes, lo que pasó después y la biografía de cada uno de los héroes involucrados pertenece a la tradición oral. Homero es uno de los poetas que recogió estas historias y compuso un poema monumental. Son siglos en los que la imaginación griega, entrenada por un mundo explicado a través de la mitología, pudo construir de forma colectiva esta aventura que va más allá de todo lo que hayas escuchado. Juego de Tronos es un poroto, porque no estamos hablando de generaciones de personajes, sino de lo que le pasó a un señor cuando tenía que hacer un viaje en un mar que más que un mar era una pelopincho. Y ahí la creación griega metió de todo. Y después encima Odiseo llega a la casa y se encuentra con más problemas. La película de Nolan aprovecha todas estas aventuras y te permite dejarte llevar por un mundo lleno de prodigios donde cualquier cosa puede pasar.
En esta película te perdés más que Odiseo

Pero La Odisea es la mayor aventura jamás contada no sólo por lo que le pasa a Odiseo, sino por todo lo que pasa alrededor. Como te dije, esta historia fue compuesta a partir de la tradición oral, o sea que incluye a personajes que todo el mundo conocía. Si yo te digo «Estaba mirando el partido de Messi, llegó Freddy Krueger y me persiguió hasta el obelisco donde por suerte me salvó el club de fans de BTS», vos vas a entender que detrás de cada uno de los nombres y lugares hay una historia, unas características y una simbología. Entonces, cuando un griego escuchaba el nombre de Agamenón sabía un montón de cosas que hoy vos no tenés por qué saber. Y este es el único punto en el que creo que la película de Nolan hace agua. Nolan quiso contar todo, incluir todo, y me parece que se le fue un poco la mano porque, si no conocés la historia de todos los personajes al detalle, me parece que se vuelve un poco confusa. Además, no le alcanza con hacer dos mil referencias que nadie va a entender sino que suma algunas cuestiones históricas o antropológicas, que embarran todavía más la cancha (recordemos que la guerra de Troya es un mito, no un hecho histórico). Pero a fin de cuentas me imagino a Nolan diciendo «si los griegos pudieron poner todo lo que se les ocurrió en esta historia, por qué yo no puedo hacer lo mismo». Y tiene razón.
¿Este Odiseo está demasiado psicoanalizado?

La historia de Troya forma parte de una tradición mítica complejísima que en el ámbito del arte daba bastante juego para que los creadores la modificaran y la usaran para tratar cualquier tema que les pareciera importante para su sociedad. No estamos hablando de detalles, estamos hablando de la Ifigenia de Schrödinger: según quién te cuente el mito, Ifigenia está viva o está muerta. Esto también pasa en artes visuales: Laocoonte era un sacerdote que dijo a los troyanos «ese caballo me huele mal, no lo traigan a la ciudad» y unas serpientes lo asesinaron a él y a sus hijos. La escultura que lo retrata es esta:

Dentro de la lógica de la historia mítica, no tiene sentido que ese señor esté desnudo ni que los hijos tengan ese tamaño. Pero el escultor priorizó la composición. Lo mismo pasa con las mejores reversiones de los mitos griegos: no importa tanto reproducir una historia que a fin de cuentas conocía todo el mundo sino reinterpretarla con fines específicos. Y eso no lo hacían solamente los griegos. Virgilio (un romano del siglo I a.C.) reescribió el final de la guerra de Troya y todo lo que le pasó a los sobrevivientes troyanos para legitimar el gobierno de Augusto y para fortalecer el origen mítico de Roma. Muchos siglos después, Molière escribió Anfitrión para criticar al rey Luis XIV. Mi favorito: Pasolini filmó Medea y Edipo Rey en un mundo postfreudiano y no tuvo ningún reparo en asociar la neurosis con el mito en su forma más descarnada. Así, planteó que nuestras propias motivaciones inconscientes son tan terribles como lo más salvaje del mito, los deseos motivados por deidades y las fuerzas descontroladas de la naturaleza.
Aunque solo el tiempo puede confirmarlo, sospecho que la película de Nolan se inscribe en esta tradición de tomar los mitos para crear grandes obras que reflejen nuestras preocupaciones actuales.
A partir de acá hay spoilers.
Es cierto que, en la versión de Nolan, Odiseo no es tanto un ser endemoniadamente astuto, como digno nieto del engañoso dios Hermes, sino una mezcla entre héroe de acción y padre de familia conflictuado. Pero mientras los griegos querían hablar de «aquel varón ingenioso», a nosotros el ingenio de la humanidad nos está llevando a la autodestrucción. Quizás por eso, en la película el principal ardid en que se manifiesta la sagacidad de Odiseo es aquel que tiene como resultado la destrucción de Troya: el caballo. Allí está a la vez la causa de su gloria y la causa de su culpa. Y es una gloria literalmente manchada de mierda, muy lejos de los enfrentamientos homéricos en que si le caías bien a una diosa te rodeaba en nubes y te llevaba a un lugar seguro. Este héroe consciente de las consecuencias de sus acciones tiene mucho más que ver con nosotros que un héroe guiado por la divinidad.
Al mismo tiempo, los dioses están presentes. Aunque la figura de Atenea se revela finalmente como una proyección de la jovencita que le rogó clemencia antes de ser ejecutada, en la película no se cansan de decir que cualquier extraño puede ser un dios. Nada nos impide creer que esa chica era, en efecto, una diosa. Sus argumentos, además, son bastante coherentes: hace treinta siglos o ahora, los dioses caminan entre nosotros, en forma de la misteriosa muerte, el irrefrenable huracán o la incomprensible casualidad. Atenea no le habla solamente a Odiseo sobre la presencia de la divinidad sino también al espectador.
Nolan falsea muchos de los sentidos de Homero: vuelve dubitativo a su héroe, hace lejanos a sus dioses y hasta inventa que Odiseo realiza el viaje que estaba destinado a Eneas. Pero hoy la única forma de ser fiel al mito es traicionarlo, porque los sentidos de miles de años de antigüedad no siguen vigentes, pero los dioses, la aventura y la tragedia sí pueden continuar vivos si te dejan boquiabierto al ver un sinfín de maravillas en una pantalla de cine.


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