Se me ocurren pocos espectáculos tan distintos entre sí como Donde quieras estar y Flores muertas: en su propuesta escénica, en su tratamiento de la ficción, en su temática, en su ritmo, en su dirección actoral y hasta en los vínculos entre los personajes estas dos obras no podrían ser más dispares. Y sin embargo en ambos casos tuve la sensación de estar ante la poesía, aunque por razones diferentes.
Donde quieras estar: la libertad de ver lo que quieras
Cuando le conté a un amigo que iba a ver esta obra, me dijo «ah, sí, la de los locos de la plaza». Pero yo sabía que su autor, Federico Buso, se había basado en experiencias y personas reales para construirla y que esas personas eran artistas. Sin embargo, intrigada, me acerqué al teatro decidida a poner a prueba esa premisa y lo que encontré es que no hay ninguna razón objetiva para pensar que los personajes están locos: la escena muestra los encuentros de dos amigos en un parque, sus conversaciones sobre aspectos perfectamente normales de la cotidianidad, deseos, gustos, costumbres, nada «loco». Y sin embargo, si uno quiere ver en esos personajes a dos «locos de la plaza», pueden encontrar en la obra muchas pistas que lo confirman, en algún comentario, en un detalle del vestuario, en la transición entre un diálogo y otro. Pero también puede leerse algo completamente distinto: dos filósofos, dos burgueses, dos jubilados o incluso dos personas que vos conocés en la vida real.
Lo más llamativo de esta obra es la calma, no sólo en el ritmo de los intercambios y los movimientos sino también en la falta de suspenso. Si bien algunas cosas cambian para los personajes, desde el principio es evidente que no hay un conflicto a resolver ni un misterio a revelar. Con esta premisa, el espectador puede dejarse llevar por una situación que no termina de convertirse en una historia, con un paso del tiempo ambiguo, una clara delimitación del espacio escénico que todo el tiempo se traiciona y que cuestiona la distinción entre el adentro y el afuera, la realidad y la imaginación. Incluso en esa calma tan evidente puede llegar a percibirse una tensión subterránea, una pérdida, un duelo, penas que casi no se mencionan. Es decir que todos los elementos que componen la obra colaboran en crear para el espectador una partitura en la que puede leer cualquier cosa. Es decir que el elemento poético de esta obra no está sólo en los parlamentos de los personajes, sino en esa apertura de sentido tan propia de la poesía.
Flores muertas: la tensión constante
En apariencia, la narración en esta obra es la opuesta a Donde quieras estar: se cuenta una historia con principio, nudo y desenlace. Un hombre ha muerto en Buenos Aires. Aquí se reúnen sus dos hermanas que llegan de un pueblo más o menos cercano, dos sobrinos, y una tercera hermana que vive en Barcelona y que allí ha dejado a su hijo adulto. Pero en realidad este es un falso argumento, porque los personajes, aunque realicen acciones (algunas de ellas extremas), aunque se peleen y quieran tomar decisiones, en realidad no cambian de posición, ni siquiera cuando cambian de continente. No hay descubrimientos inesperados ni siquiera en el final porque, como suele ocurrir en la poesía, estaba contenido en el inicio. Lo que hace esta obra no es tanto contar una historia sino retratar estos vínculos que se vuelven insoportables desde los primeros minutos. Con una explícita referencia a los dramas de Almodóvar, esta obra los supera (aunque parezca imposible) en su tensión, porque no da tregua ni un segundo. Todo es intensidad, todo es desborde, todo es invadir y al mismo tiempo luchar infructuosamente contra la invasión del otro. Lo que salva al expectador en esta vorágine es el uso de un humor que nos recuerda todo el tiempo que se trata de una ficción, que hace tolerable lo que en la vida real no lo sería. Entonces no importa lo que pasa tras la muerte del hermano o lo que pasó hace años, no importan demasiado los secretos ni las verdades. Como a veces ocurre en la poesía, el retrato de la emoción, de estas pasiones y necesidades desmedidas, supera a la anécdota.
Donde quieras estar y Flores muertas son dos espectáculos muy distintos, uno calmo como una tarde en el parque y otro exaltado como una discusión entre amantes. Pero en los dos casos el espectador se encontrará con algo que va mucho más allá de la narración de una historia.

Donde quieras estar
- Dramaturgia: Federico Buso
- Dirección: Martín Goldber
- Con: Federico Buso y Silvina Katz
- Escenografía: Alicia Lelutre y Agustín Justo Yoshimoto
- Música: Lucas Sebastián Ramírez
- Iluminación: Sebastián Francia
- Dónde: Espacio Callejón. Humahuaca 3759 (CABA)
- Cuándo: Miércoles 20.30 hs. Hasta el 26/08/2026
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Flores muertas
- Dramaturgia y dirección: Natalia Villamil
- Con: Matilde Campilongo, Yanina Gruden, Aldana Illan, Sergio Mayorquin, Juan Tupac Soler, Liliana Weimer.
- Dónde: Espacio Callejón. Humahuaca 3759 (CABA)
- Cuándo: Viernes 22 hs. Hasta el 31/07/2026 y viernes 20.30 hs desde el 07/08 hasta el 14/08/2026
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