Hace mucho, mucho tiempo, cuando la revolución industrial aún estaba dando sus primeros pasos, el hombre existía como tal, con sus ideas, su entorno, sus creencias. La naturaleza era parte de la vida, como lo era la familia y la religión. En esa línea y sin romanticismos, Train Dreams nos propone un retrato simple, pero no ingenuo, sobre esa vida que el ser humano supo tener.
Basada en la novela de Dennis Johnson, la película cuenta la historia de Robert (Joel Edgerton), quien queda huérfano y vagando sin rumbo hasta su juventud, a fines del siglo XIX, cuando se emplea en la empresa de ferrocarril tirando rieles y árboles. En ese momento, conoce a Gladys (Felicity Jones), y encuentra su propósito en la vida. Edgerton compone con equilibrio a este trabajador tranquilo, formado en la dureza de la soledad y la pérdida. ¿Puede un hombre así crear una vida feliz?
Existen dos escenarios conceptuales planteados en la película y surge un contraste muy grande entre ambos. El primero, presentado como el mundo original, virgen; una ruralidad tranquila de bosques, lagos y familia. El segundo, es el que gana terreno con la velocidad de la aplanadora capitalista, donde la modernidad viola lo sagrado. El momento bisagra donde la idea del progreso reemplaza el fin mismo de nuestra existencia: ser, amar, convivir en paz con el entorno.

Por supuesto, la violencia también es parte de lo común. Dentro de este doble ambiente, entre lo bucólico y la prosperidad, la ley todavía se mantiene afuera. Los hombres comparten sus experiencias de vida y también la vengan con motivos inciertos. El hombre es cruel, y la naturaleza también puede serlo. Robert aprende en sus viajes, en sus conversaciones con otros como él. No es un aventurero y sin embargo, puede mantener alguna chispa de fe.
La sutileza de las actuaciones, junto con el planteo estético que respira la narrativa, llevan el ritmo de la historia. En este sentido, la maravillosa fotografía remite tanto al naturalismo de una forma de vida más austera, como al fulgor que trae la modernidad. Abundan las referencias a las formas típicas de la pintura estadounidense, donde los retratos y los paisajes románticos refuerzan la idea del hombre en paralelo con su contexto.
Train Dreams es una película para ver porque es bella y sensible, y además porque interpela al espectador de una manera extraña. Ese hombre que presencia la irrupción de la locura del siglo XX no está tan lejano en sus experiencias como lo estamos nosotros, casi 150 años después. Sin embargo, hay una franca paradoja: él sí está conectado con todo lo que sucede a su alrededor. Su espíritu aún no fue domesticado.

SUEÑOS DE TRENES (Train Dreams, 2025)
- Dirección: Clint Bentley
- Fotografía: Adolpho Veloso
- Música: Bryce Dessner
- Con: Joel Edgerton, Felicity Jones, William H. Macy, Kerry Condon, Nathaniel Arcand y otros.
- Disponible en NETFLIX


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